El carsharing —el modelo de uso compartido de vehículos por tiempo o kilómetro— está ganando terreno en América Latina a un ritmo sin precedentes. Latinoamérica ya se posiciona como el segundo mercado mundial de carsharing, según datos de la consultora Geotab, y el potencial de crecimiento apenas comienza a desbordarse en sus grandes metrópolis. ¿Cuáles son las ciudades mejor preparadas para liderar esta revolución? Aquí presentamos el ranking definitivo.
Los Criterios de Selección
Para identificar las ciudades con mayor potencial, se evaluaron cinco factores clave: nivel de congestión vehicular (problema que incentiva buscar alternativas), penetración de smartphones y conectividad digital, existencia de ecosistemas de startups de movilidad, políticas públicas favorables a la movilidad sostenible y presencia previa de servicios de ride-hailing o micromovilidad que abonen el terreno cultural para el carsharing.
Once ciudades latinoamericanas figuran entre las 30 más congestionadas del mundo, según el TomTom Traffic Index, lo que convierte a la región en un terreno especialmente fértil para este tipo de servicios.
1. Ciudad de México
La capital mexicana encabeza cualquier lista de movilidad en la región. Con más de 22 millones de habitantes en su zona metropolitana y una congestión que la sitúa sistemáticamente entre las más caóticas del planeta, Ciudad de México enfrenta una demanda masiva de alternativas al automóvil privado. Su sistema de bicicletas compartidas ECOBICI ha alcanzado una escala y un desempeño impresionantes, liderando la región junto a Río de Janeiro y Buenos Aires en tamaño de flota y volumen de viajes.
La madurez digital de sus usuarios, la presencia consolidada de Uber, DiDi, Cabify e InDriver, y una clase media urbana habituada a pagar por servicios de movilidad a través de apps la convierten en el mercado natural número uno para el carsharing. Plataformas como eConduce ya exploran el modelo de motosharing eléctrico en la ciudad, allanando el camino para la siguiente etapa.
2. São Paulo
São Paulo es la ciudad más poblada de Brasil y de todo el continente americano, con más de 21 millones de personas en su área metropolitana. Su infraestructura tecnológica, proyección internacional y concentración de startups de movilidad la convierten en un laboratorio natural para el carsharing. Brasil es uno de los mercados donde la adopción de plataformas digitales de transporte ha sido más acelerada, y São Paulo concentra la mayor parte de esa actividad.
La empresa de micromovilidad Tembici —líder regional en bicicletas compartidas— tiene su sede en Brasil y desde allí opera en múltiples ciudades latinoamericanas, lo que evidencia el ecosistema emprendedor que existe en torno a la movilidad compartida. El mercado corporativo de carsharing también tiene un enorme potencial en una ciudad que alberga las sedes de cientos de multinacionales.
3. Buenos Aires
La capital argentina ha dado pasos concretos hacia el carsharing formal. La empresa Keko puso en circulación al menos 150 vehículos de kilómetro cero para ofrecer carsharing en Buenos Aires, mientras que ya existen más de 100 puntos de acceso con pago contactless distribuidos por la ciudad para quienes quieran utilizar este servicio. Además, la plataforma Ualabee integra rutas, horarios de transporte público, micromovilidad y ride-hailing en una sola app, un ecosistema perfecto sobre el cual montar capas de carsharing.
Buenos Aires combina alta densidad urbana, una cultura tecnológica sofisticada y un parque automotor envejecido que encarece el mantenimiento de vehículos propios, factores que empujan a los porteños hacia modelos de uso compartido. La ciudad también ha ganado protagonismo como hub de startups tecnológicas en la región.
4. Santiago de Chile
Santiago lleva varios años construyendo un ecosistema de movilidad compartida sólido y bien regulado. La empresa chilena Awto es pionera en el carsharing por app en el país: permite rentar vehículos por minutos, horas o días, ha superado los 18,000 usuarios registrados y opera con una flota distribuida en puntos estratégicos de la capital. Posteriormente, la startup Lolocar adquirió a OlaCar y comenzó su expansión hacia Uruguay, confirmando que el mercado chileno tiene suficiente masa crítica para exportar modelos.
A esto se suma que Santiago ha electrificado parte importante de su flota de transporte público, consolidándose como una de las ciudades más avanzadas de la región en sostenibilidad del transporte. Su clase media con alta penetración de smartphones y bancarización digital representa el perfil de usuario ideal para el carsharing.
5. Bogotá
Bogotá es el referente latinoamericano en movilidad sostenible. Su red de ciclovías —la más extensa de América Latina—, el sistema BRT Transmilenio y las políticas de restricción vehicular (pico y placa) han creado una cultura ciudadana favorable a reducir la dependencia del carro propio. El Banco de Desarrollo de América Latina (CAF) trabaja directamente con Bogotá en el diseño e implementación de soluciones de carsharing y carriles de alta ocupación.
La penetración de plataformas de ride-hailing como InDriver, Uber y Cabify es muy alta en la capital colombiana, lo que indica una base de usuarios ya acostumbrada a moverse sin vehículo propio. Bogotá también destaca por su ecosistema de startups de movilidad y por tener una población joven y digital que ve el acceso al automóvil —más que su propiedad— como la solución ideal.
6. Lima
Lima enfrenta uno de los peores índices de congestión vehicular de la región y del mundo. El 93% de sus ciudadanos depende del transporte público, pero la calidad de este sigue siendo insuficiente, creando una brecha que el carsharing puede llenar. Los distritos de Miraflores, San Isidro y Surco concentran una población con alto poder adquisitivo, penetración tecnológica y disposición a pagar por soluciones de movilidad eficientes.
Plataformas como Uber, Cabify e InDriver ya operan con fuerza en Lima, y los primeros sistemas de scooters eléctricos compartidos se han instalado en los distritos más pudientes. El siguiente paso lógico es el carsharing formal, especialmente en un contexto donde el costo de adquirir y mantener un vehículo sigue siendo alto y la congestión hace que tener auto propio sea cada vez menos atractivo.
7. Río de Janeiro
Río de Janeiro comparte con São Paulo el podio de las ciudades brasileñas más preparadas para el carsharing. Con millones de turistas al año y una población local altamente conectada digitalmente, la ciudad carioca ofrece un mercado dual: el usuario local habitual y el visitante que necesita movilidad flexible sin alquilar un vehículo por días completos. Su flota de bicicletas compartidas es la segunda más grande de la región en volumen de viajes.
Brasil también cuenta con plataformas nacionales de carsharing como Rentennials, que han ganado tracción en las ciudades más grandes. La combinación de alta densidad urbana, infraestructura digital robusta y una cultura de consumo colaborativo en expansión posiciona a Río como un mercado de alto potencial.
8. Medellín
Medellín es la ciudad de la innovación en Colombia. Galardonada en múltiples ocasiones como una de las ciudades más innovadoras del mundo, ha transformado radicalmente su perfil urbano integrando teleféricos, metro, tranvía y ciclovías en un sistema multimodal coherente. Esta vocación integradora es exactamente el terreno que necesita el carsharing para funcionar: una ciudad que ya piensa en movilidad como sistema y no como suma de vehículos.
Su ecosistema emprendedor es uno de los más vibrantes de América Latina, con un fuerte apoyo institucional de la Alcaldía y entidades como Ruta N para el desarrollo de startups de tecnología y movilidad. Medellín tiene el tamaño correcto —ni tan pequeña que no justifique el modelo, ni tan grande que sea imposible gestionarlo— para convertirse en el caso de éxito de carsharing que inspire al resto de la región.
9. Montevideo
Montevideo puede sorprender en este ranking, pero su inclusión está bien justificada. Uruguay tiene los índices más altos de bancarización digital, penetración de internet y teledensidad de América del Sur, lo que facilita enormemente la adopción de servicios que dependen de apps y pagos electrónicos. La startup chilena Lolocar eligió Montevideo como su primer mercado de expansión internacional, reconociendo en la capital uruguaya el perfil ideal de usuario de carsharing.
Con una ciudad compacta, tráfico manejable en comparación con las megas metrópolis regionales y un gobierno que ha apostado consistentemente por la sostenibilidad energética y digital, Montevideo ofrece condiciones únicas para que el carsharing escale rápidamente desde sus primeras operaciones.
10. Guadalajara
La segunda ciudad de México cierra este top 10 con méritos propios. Guadalajara ocupa el tercer lugar en la región en volumen de viajes en bicicletas compartidas y es sede de uno de los ecosistemas de tecnología e innovación más importantes de Latinoamérica —conocida como el “Silicon Valley mexicano”—. Esta densidad de talento tecnológico y capital de riesgo atrae constantemente a startups de movilidad que buscan ciudades de tamaño medio para sus pilotos.
La joven población tapatiña, su clima favorable para la movilidad activa y compartida, y la presencia de universidades de primer nivel que generan demanda de movilidad flexible la convierten en una ciudad con perfil de adopción temprana (early adopter) para el carsharing.
El Contexto Regional que Hace Posible el Despegue
El mercado global de carsharing se valoró en 17,600 millones de dólares en 2025 y se proyecta un crecimiento sostenido con una CAGR del 7.4% entre 2026 y 2035. América Latina capta una porción creciente de ese valor, impulsada por la urbanización acelerada, la digitalización financiera y la congestión crónica que hace poco atractivo poseer un vehículo privado.
Las ciudades de la región se encuentran en distintas etapas de integración de modos de transporte y unificación de sistemas de pago. Las más avanzadas, como Santiago, Bogotá y Ciudad de México, ya están construyendo ecosistemas donde el carsharing no es un servicio aislado, sino una pieza más de una red de movilidad integrada que incluye metro, bus, bicicleta y scooter. Esa integración —física, tarifaria y digital— es lo que convierte una app de carsharing en un servicio indispensable para el ciudadano urbano del siglo XXI.
Para los operadores que busquen dónde lanzar o escalar sus servicios, las 10 ciudades de esta lista representan las apuestas más seguras de la región: mercados con demanda probada, usuarios digitalmente maduros y una urgencia real por encontrar alternativas al automóvil privado.