No todas las ciudades de América Latina son iguales ante la demanda de transporte flexible. Algunas combinan millones de habitantes, congestión crónica, redes de transporte público insuficientes y una base de usuarios digitalmente madura que hace que las plataformas de movilidad compartida —ridesharing, carsharing, micromovilidad y transporte bajo demanda— encuentren el terreno más fértil para crecer. Identificar cuáles son esas ciudades, y por qué, es una clave estratégica tanto para inversores y operadores como para planificadores urbanos y ciudadanos que buscan soluciones reales a su movilidad cotidiana.
¿Qué Es el Transporte Flexible y Por Qué Importa?
El transporte flexible engloba todas las modalidades de movilidad que se adaptan a la demanda del usuario en tiempo real, en contraposición al transporte público masivo de rutas y horarios fijos. Incluye el ridesharing (Uber, DiDi, Cabify, InDriver), el carsharing (Awto, Keko, Lolocar), la micromovilidad (bicicletas y scooters compartidos), el transporte corporativo bajo demanda (Wawa, Urbvan) y los sistemas de buses de demanda variable gestionados por algoritmos.
La demanda de estos servicios no surge de manera aleatoria. Está directamente correlacionada con factores medibles: densidad urbana, calidad y cobertura del transporte público existente, ingreso per cápita, penetración de smartphones, índices de congestión vehicular y la brecha entre la movilidad que los ciudadanos necesitan y la que el sistema formal les ofrece. Las ciudades con mayor puntuación en estas variables son, previsiblemente, las que registran mayor adopción y crecimiento de los servicios de transporte flexible.
El Urban Mobility Readiness Index: El Mapa de Referencia
El Urban Mobility Readiness Index 2022, elaborado por Oliver Wyman, es la referencia más completa disponible para comparar el estado de preparación de las ciudades del mundo ante la transformación de la movilidad. Del total de 60 ciudades evaluadas globalmente, ocho ciudades latinoamericanas figuran en el ranking: Bogotá, São Paulo, Ciudad de México, Santiago de Chile, Buenos Aires, Río de Janeiro, Quito y Lima.
Esta presencia refuerza una conclusión importante: las grandes metrópolis latinoamericanas no solo tienen problemas de movilidad —los tienen, y graves— sino que también concentran las condiciones que hacen posible y necesaria la adopción de transporte flexible. A continuación, el análisis ciudad por ciudad.
1. Ciudad de México: La Megametrópoli Insaciable
Ciudad de México es el caso más extremo de la región: más de 22 millones de habitantes en su zona metropolitana, una red de metro, BRT y tren suburbano que —pese a su extensión— no da abasto, y una congestión vehicular que la sitúa sistemáticamente entre las peores del mundo. Esta combinación genera una demanda de transporte flexible literalmente inagotable.
El mercado de ride-hailing en Ciudad de México es el más grande de la región: Uber, DiDi, Cabify e InDriver operan simultáneamente en la ciudad, compitiendo por millones de viajes diarios. El sistema de bicicletas compartidas ECOBICI opera con cientos de estaciones distribuidas por las delegaciones centrales, y el mercado corporativo de transporte bajo demanda —plataformas como Urbvan y Kolors— atiende a decenas de miles de trabajadores que se desplazan desde zonas periféricas hacia centros de empleo.
La demanda de transporte flexible en Ciudad de México tiene, además, una dimensión específica que no existe con la misma intensidad en otras ciudades: la movilidad nocturna. En una ciudad que opera 24 horas, los viajes de regreso de zonas de entretenimiento, restaurantes y eventos culturales generan una demanda permanente que el metro —que cierra a la medianoche— no puede absorber, convirtiendo al ridesharing en servicio esencial para millones de usuarios en las madrugadas.
2. São Paulo: El Mercado Más Grande de América del Sur
São Paulo es la ciudad más poblada de Brasil y del continente americano, con más de 21 millones de personas en su área metropolitana. Su estructura urbana —policéntrica, dispersa y con enormes distancias entre zonas residenciales y de empleo— crea una demanda estructural de movilidad flexible que ninguna expansión del metro puede resolver completamente en el corto o mediano plazo.
La ciudad lidera el mercado brasileño de ridesharing, que es uno de los dos mercados más grandes de América Latina junto con México. Plataformas como 99 (adquirida por DiDi), Uber y una constelación de startups locales atienden millones de viajes diarios. La penetración del transporte bajo demanda en el segmento corporativo es especialmente alta: São Paulo concentra la mayor densidad de multinacionales y grandes empresas del continente, todas ellas con necesidades de transporte de empleados que el sistema público no cubre adecuadamente.
La demanda de micromovilidad también es robusta: Tembici, la startup líder de bicicletas compartidas en la región, tiene sus raíces en São Paulo y desde allí ha expandido su modelo a otras ciudades brasileñas y latinoamericanas. El potencial de crecimiento del carsharing en la ciudad —donde el costo de mantenimiento y estacionamiento de un vehículo privado es altísimo— es uno de los más altos de la región.
3. Bogotá: La Ciudad que Convirtió su Crisis en Innovación
Bogotá no solo tiene una demanda alta de transporte flexible: tiene la cultura urbana más preparada de América Latina para adoptarlo. Décadas de crisis de movilidad —congestión severa, accidentalidad alta, transporte informal dominante— y décadas de respuestas innovadoras —ciclovías, Transmilenio, pico y placa, Ciclovía dominical— han forjado una ciudadanía que valora las alternativas al automóvil privado y está habituada a combinar modos de transporte en sus desplazamientos cotidianos.
El Banco de Desarrollo de América Latina (CAF) trabaja directamente con Bogotá en el diseño de sistemas de movilidad compartida y carriles de alta ocupación, reconociendo en la capital colombiana el ecosistema más avanzado de la región para este tipo de intervenciones. Plataformas como InDriver han encontrado en Bogotá uno de sus mercados más dinámicos a nivel global, con millones de usuarios activos.
La demanda de transporte flexible en Bogotá tiene además una dimensión de equidad particularmente importante: la ciudad tiene zonas periféricas de altísima densidad —los cerros orientales, Ciudad Bolívar, Bosa— mal conectadas por el sistema formal, donde el transporte bajo demanda y las plataformas de ridesharing son frecuentemente la única alternativa viable al transporte informal.
4. Buenos Aires: Sofisticación Digital y Demanda Premium
Buenos Aires combina una sofisticación tecnológica y una madurez digital excepcionales en el contexto latinoamericano con una red de transporte público que, siendo relativamente buena para los estándares regionales, tiene enormes zonas de cobertura deficiente en el Gran Buenos Aires.
La demanda de transporte flexible en Buenos Aires tiene un perfil particular: es alta en segmentos de ingresos medios y altos que priorizan comodidad y seguridad, y también es alta en la periferia metropolitana donde el servicio de buses es irregular y el metro —circunscrito a la Capital Federal— no llega. El carsharing ha encontrado en Buenos Aires uno de los mercados latinoamericanos más receptivos: la empresa Keko opera una flota de vehículos de kilómetro cero y ya existen más de 100 puntos de acceso con pago contactless en la ciudad.
La startup de integración multimodal Ualabee nació en Buenos Aires, lo que no es casual: la ciudad tiene la demanda de soluciones multimodales inteligentes que justifica construir una plataforma de ese nivel de sofisticación. La presencia de múltiples modos —metro, Metrobus, tren, tranvía, bicicletas BA Ecobici, ridesharing— crea una necesidad real de una capa digital que los integre.
5. Santiago de Chile: El Ecosistema Más Maduro
Santiago es la ciudad latinoamericana con el sistema de transporte público mejor valorado en la región, lo que paradójicamente no reduce sino que amplía la demanda de transporte flexible. Un sistema de transporte de calidad crea el hábito de prescindir del automóvil propio, y cuando ese sistema tiene brechas —en horario nocturno, en zonas periféricas o en situaciones que requieren puerta a puerta— los usuarios ya están predispuestos a complementarlo con servicios flexibles.
Chile fue el primer país latinoamericano en regularizar formalmente las apps de movilidad con la Ley N° 21.553, y esa certeza jurídica ha atraído inversión y desarrollado un ecosistema especialmente sólido. Awto —pionera del carsharing por app con más de 18,000 usuarios registrados— nació en Santiago. Cabify tiene en Chile uno de sus mercados más rentables de la región. Y el sistema de bicicletas compartidas opera con una integración con el transporte público que pocos otros sistemas regionales han alcanzado.
La penetración de pagos digitales y la alta bancarización de la población santiaguina eliminan una de las barreras más comunes para la adopción de transporte flexible en el resto de la región, creando un mercado con características únicas de sofisticación y accesibilidad simultáneas.
6. Lima: La Mayor Brecha Entre Necesidad y Oferta
Lima presenta el caso más extremo de demanda insatisfecha de transporte flexible en América del Sur. Con más de 11 millones de habitantes, uno de los peores índices de congestión del mundo y un sistema de transporte público que el 93% de sus ciudadanos usa por necesidad —no por elección —, la capital peruana tiene una demanda de alternativas flexibles que supera ampliamente la oferta actual disponible.
El ridesharing ha crecido explosivamente en Lima precisamente porque llena un vacío que el sistema formal no cubre: viajes seguros, trazables y con rendición de cuentas en una ciudad donde el transporte informal es la norma y la accidentalidad vial es un problema de salud pública. Uber, Cabify, DiDi e InDriver compiten activamente en el mercado limeño, y los primeros sistemas de scooters eléctricos compartidos han aparecido en los distritos de mayor poder adquisitivo —Miraflores, San Isidro, Surco—.
La demanda de transporte flexible en Lima tiene además una distribución geográfica particular: es extremadamente alta en los distritos del sur y este de la ciudad —San Juan de Lurigancho, Villa El Salvador, Ate, San Martín de Porres— donde la densidad poblacional es altísima pero la cobertura de transporte formal es precaria. Quien logre escalar servicios de transporte bajo demanda a estas zonas habrá conquistado el mercado más grande y menos atendido de la región.
7. Medellín: La Innovación Que Se Convirtió en Demanda
Medellín ha transformado su imagen global de manera tan radical que hoy es sinónimo de innovación urbana. Su sistema de metro, teleféricos, tranvía y ciclovías ha creado un ecosistema multimodal que educa a sus ciudadanos en la movilidad integrada y genera una demanda sofisticada de servicios complementarios.
La ciudad ha sido elegida por startups de movilidad latinoamericanas y globales como mercado de prueba de nuevas soluciones, reconociendo en su ciudadanía —joven, digitalmente activa y habituada a la innovación urbana— el perfil de usuario ideal para pilotos de transporte flexible. La demanda de ridesharing y micromovilidad en Medellín es especialmente alta entre los trabajadores del ecosistema tecnológico y emprendedor que se ha instalado en el Distrito de Innovación de la ciudad.
8. Río de Janeiro: Turismo y Fragmentación Territorial
Río de Janeiro presenta una combinación única de factores que generan alta demanda de transporte flexible: su geografía accidentada —montañas, favelas, playas, centros de negocios dispersos— hace prácticamente imposible que ningún sistema de transporte masivo de rutas fijas cubra toda la ciudad de manera eficiente.
La ciudad combina demanda turística internacional —millones de visitantes que necesitan movilidad flexible sin alquilar un vehículo— con demanda local de trabajadores que se desplazan entre zonas mal conectadas. El ridesharing ha encontrado en Río un mercado con características específicas de alta dispersión geográfica que maximizan el valor de la flexibilidad. Adicionalmente, el sistema de bicicletas compartidas de Río es uno de los más extensos de América Latina, evidenciando la receptividad cultural de la ciudad hacia los modos alternativos de movilidad.
Las Ciudades Medianas: El Próximo Frente de Expansión
Más allá de las grandes metrópolis, existe un grupo de ciudades medianas —entre 500,000 y 2 millones de habitantes— donde la demanda de transporte flexible está creciendo aceleradamente y donde la competencia entre operadores es aún baja: Córdoba y Rosario (Argentina), Guadalajara y Monterrey (México), Cali y Barranquilla (Colombia), Guayaquil (Ecuador) y Asunción (Paraguay).
Estas ciudades tienen la escala suficiente para justificar operaciones viables, pero aún no concentran la atención de los grandes actores internacionales. Para las startups regionales de movilidad, representan el terreno de expansión más atractivo de los próximos cinco años: mercados con demanda real, competencia limitada y marcos regulatorios que todavía están definiéndose, lo que permite a los primeros entrantes influir en las reglas del juego.
El Denominador Común: La Brecha Como Motor
Lo que tienen en común todas estas ciudades —desde la megaciudad de 22 millones hasta la ciudad media de 700,000 habitantes— es la brecha entre la movilidad que sus ciudadanos necesitan y la que el sistema formal les provee. Esa brecha es el motor más poderoso de la demanda de transporte flexible, y mientras persista —y en la mayoría de los casos persistirá durante décadas— el potencial de crecimiento del sector seguirá siendo extraordinario.
La ciudad latinoamericana que logre cerrar esa brecha combinando transporte público masivo de calidad con servicios flexibles bien regulados e integrados habrá resuelto uno de los problemas más complejos del urbanismo del siglo XXI. Las ciudades de esta lista están, en distinto grado y velocidad, en ese camino.